martes, 20 de diciembre de 2011

La respuesta debe ser mirar al futuro

Compañeras y compañeros, es más que evidente la situación en la que estamos. Hemos perdido la confianza de la ciudadanía. No tenemos respuestas a muchas de sus preguntas sobre las actitudes de nuestros y nuestras dirigentes. No logramos explicar la naturaleza de algunas medidas tomadas por nuestros y nuestras gobernantes durante la crisis. No encontramos cauces para trasladar nuestras quejas a las personas que nos representan. No hay medios de comunicación que trasladen nuestra labor, de oposición en la mayoría y de gobierno en los menos.
Pero esto no es nada, para este Partido que sobrevivió a las penurias de la dictadura, que participó en la construcción de un sistema democrático, que gobernó durante años con una holgada mayoría, que tiene a sus espaldas 132 años de historia, de lucha, de derrotas, pero también de victorias, ésta no es más que otra etapa, otra piedra en el camino que habrá que remover. Dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte, y muertos no estamos, así que siguiendo esa lógica de ésto vamos a salir fortalecidos.
Hay que recuperar el rumbo perdido. A nadie le extrañará, supongo, que digan de nuestro partido que se ha convertido en una máquina de preparar elecciones, que el marketing político se ha apropiado de lo más básico de este partido que es nuestra ideología, desvirtuándola, convirtiéndola en mero eslogan publicitario, en mensaje flojo y vacío de contenido, en floritura. Los comicios no pueden ser un fin en si mismos, ya que eso desvirtúa el proceso democrático convirtiéndolo en una encuesta de popularidad, en la que los demagogos juegan con ventaja, como se ha demostrado tanto en Mayo como en Noviembre, con contadas excepciones de lugares donde la cercanía y el programa han sido tenidos en cuenta.
Nuestras ideas nunca han sido una doctrina cerrada, ni un catecismo polvoriento de dogmas y moralinas, sin embargo, hay cuestiones que no se pueden tomar a la ligera. Los principios básicos se han mantenido durante más de un siglo, y siguen siendo perfectamente válidos. Lo que debemos modificar son las formas de llevar a cabo nuestros objetivos, modificar la relación que mantenemos con los ciudadanos y ciudadanas, acercarnos más a la sociedad y traducir nuestros principios al lenguaje del siglo XXI.
Las formas de participación se están viendo revolucionadas por la inmediatez que permiten las nuevas tecnologías a la hora de expresar nuestras opiniones, a la hora de transmitir nuestras quejas o de trasladar nuestras propuestas, sin embargo, seguimos manteniendo una estructura rígida, controlada por el aparato, el cual se siente amenazado y legitimado para exigir silencio en las redes sociales acerca de cuestiones que consideran de carácter interno. Sin embargo, tenemos que ser transparentes, a todas luces mostrar nuestras divergencias en público no puede servir para otra cosa que para demostrar nuestra pluralidad, pero también nuestra capacidad de consenso y de cesión ante el bien común en nuestras posturas. Eso si, no podemos enconar las posturas hasta el extremo de romper la organización, ni por arriba ni por abajo.
Ahora somos las bases las que tenemos la responsabilidad de llevar esto adelante, por un lado, tenemos capacidad de debatir, no nos separan distancias físicas, sólo es cuestión de dedicar el tiempo suficiente a dialogar, y hacer un esfuerzo para que el proyecto que salga de sea de futuro para todas y todos. Tenemos que recuperar el espíritu combativo, ya que se empieza a intuir que en muy poco tiempo tendremos que volver a reclamar derechos básicos ante las instituciones gobernadas por el PP, y para que eso sea efectivo debemos tener detrás a una masa social amplia y organizada, y volver a ser la voz de sus reclamaciones.
En este punto, no podemos dejar de mirar hacia UGT, como sindicato socialista, como hermanos ideológicos y como fuerza de representación de los trabajadores, en definitiva de una parte importantísima de la ciudadanía, que va a ver mermados sus derechos y con cuyas reivindicaciones nos identificamos. Codo con codo otra vez detrás de las pancartas y al frente de las manifestaciones.
Por otro lado, es necesario reformar muchos aspectos del funcionamiento del Partido, hacerlo más democrático, abrir las puertas a la participación de los militantes en la toma de cierto tipo de decisiones, entre otras cosas para compartir las responsabilidades, ya que si un dirigente toma una decisión, al final el responsable es él, pero las consecuencias las sufrimos todos. No pueden estar comandados para tomar la decisión que les venga en gana sino las que el propio partido haya consensuado y aprobado, o al menos, unas líneas básicas de actuación de carácter vinculante.
Por otra parte, esa misma forma de actuar se tiene que hacer visible en los cargos públicos, ya que en el momento que se presentan bajo las siglas de nuestro partido, deben tener un primer plano de responsabilidad hacia los militantes que los han elegido y un segundo plano más amplio hacia el resto de la sociedad. Si no podemos pedirles responsabilidades durante los 4 años que dura un mandato, ¿cómo vamos a poder evaluar su gestión o apoyarles en sus decisiones?
Los y las socialistas miramos al futuro, siempre buscamos en él los retazos de esa utopía, el ansia de encontrar nuestros ideales alcanzados y de verlos extendidos a todos y todas. Por eso cuando hagamos nuestro proyecto no puede ser un proyecto sólo para los socialistas, tiene que ser un proyecto para toda la sociedad, en el que contar con las opiniones de la gente no sea una extraña coincidencia, sino lo más común del mundo, pero sin renunciar a propagar nuestras ideas ni a tratar de extender nuestra forma de ver las cosas. El socialismo en el fondo no es una forma de ver la vida, sino una forma de vivirla. La revolución empieza en cada uno de nosotros y nosotras, y debemos contagiar de ese espíritu cada acto de nuestra existencia, para que el futuro merezca la pena.




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